Cómo escribir instrucciones a una IA para que devuelva algo útil
La queja más repetida sobre las herramientas de inteligencia artificial es que «escriben todas igual». Es cierto, y casi siempre es culpa de cómo se les pide.
Un modelo no sabe nada de tu negocio salvo lo que le cuentes en ese momento. Si le pides «un texto para mi web de fontanería», te va a devolver el texto medio de todas las webs de fontanería que ha visto. No porque sea perezoso, sino porque le has hecho una pregunta media.
1. Di quién eres y a quién le hablas
La mayor parte de la diferencia está aquí. Comparemos.
Petición pobre: «Escribe un texto para la página de servicios de una asesoría.»
Petición útil: «Somos una asesoría de cuatro personas en Lleida. Nuestros clientes son autónomos y empresas de menos de diez trabajadores, casi todos del sector agroalimentario. Lo que más nos dicen cuando nos conocen es que la asesoría anterior no les cogía el teléfono. Escribe el texto de la página de servicios apoyándote en eso.»
La segunda devuelve algo que se puede usar. No porque el modelo sea distinto, sino porque le has dado lo único que no podía saber.
2. Pon un ejemplo de lo que consideras bueno
Describir un tono es difícil. «Cercano pero profesional» significa cosas distintas para cada uno. Enseñar un ejemplo funciona mucho mejor.
Pega dos párrafos de algo tuyo que te guste —un correo que escribiste, una descripción de producto— y di: «Escribe con este tono». El modelo copia el ritmo de las frases, el nivel de formalidad y hasta las muletillas. Es la vía más rápida para que deje de sonar a folleto.
3. Dile lo que no quieres
Los modelos tienen tics: empiezan por «En el mundo actual», meten «no solo… sino también» en cada párrafo, cierran con una llamada a la acción entusiasta. Si no dices nada, salen.
Una lista corta de prohibiciones ahorra mucha corrección después:
- Nada de «en el mundo actual» ni «en la era digital».
- Sin listas de tres adjetivos seguidos.
- No prometer resultados concretos.
- Frases cortas. Si una pasa de treinta palabras, pártela.
4. Pide una cosa a la vez
Un encargo que dice «escribe la web entera, con los textos de cinco páginas, los títulos para Google y las publicaciones para redes» devuelve cinco cosas mediocres.
Es mejor ir por partes y revisar entre medias. Además, así detectas antes por dónde se está desviando: si el primer texto ya suena raro, corriges el encargo en vez de tirar cuarenta párrafos.
5. Trátalo como un primer borrador, siempre
Esto no es una técnica, es una postura, y es la que más disgustos evita.
Lo que devuelve un modelo es materia prima. Está bien escrito, es coherente y suele ser plausible. También puede contener un dato inventado con toda la seguridad del mundo, un precio que no es el tuyo o una promesa que no puedes cumplir. Hemos visto textos publicados con un horario que nadie comprobó y un teléfono de otra provincia.
Nada de eso es culpa de la herramienta. Es de quien publicó sin leer.
Un método que funciona
Cuando preparamos contenido con ayuda de estas herramientas, el orden es siempre el mismo:
- Decidir qué se quiere decir. Esto lo hace una persona, con lo que sabe del cliente. Es la parte que no se delega.
- Escribir el encargo con el contexto, el ejemplo de tono y las prohibiciones.
- Pedir un borrador y leerlo entero.
- Corregir a mano lo que no suene a nosotros, quitar lo que sobre y añadir lo concreto: nombres, cifras, casos.
- Comprobar los datos uno a uno.
El paso cinco no es opcional. Es el que separa publicar algo útil de publicar algo que te va a costar una llamada incómoda.
Por qué esto no convierte a nadie en redactor
Con un buen encargo, cualquiera puede sacar un texto correcto. Correcto no es lo mismo que bueno.
Un texto bueno sabe qué duda tiene el lector en cada párrafo y la responde antes de que la formule. Sabe qué objeción va a poner y la desactiva sin nombrarla. Elige qué contar y, sobre todo, qué callar. Eso no sale de un encargo bien escrito, sale de haber hablado con muchos clientes y haber visto qué les hace decidir.
La herramienta acorta la parte mecánica. La parte que decide sigue siendo la misma de siempre.
Guarda los encargos que funcionan
Esto lo descubre todo el mundo tarde. Cuando das con un encargo que devuelve algo bueno, guárdalo en un documento con el ejemplo de tono incluido y reutilízalo. No lo reescribas cada vez desde cero.
Con el tiempo acabas teniendo cuatro o cinco plantillas: una para descripciones de producto, otra para responder reseñas, otra para el boletín. Cada una con su contexto ya metido. Pasar de escribir doscientas palabras de instrucciones a pegar una plantilla y cambiar dos líneas es la diferencia entre usar estas herramientas de verdad y usarlas cuando te acuerdas.
Y revisa las plantillas cada pocos meses. Los modelos cambian, y una instrucción que era necesaria en marzo puede sobrar en octubre porque ese tic ya no lo tienen.
Cuidado con lo que pegas
Un aviso que en las empresas pequeñas se pasa por alto: lo que escribes en una de estas herramientas sale de tu ordenador y llega a un servidor que no es tuyo.
No pegues datos personales de clientes, ni números de cuenta, ni documentos con información laboral. No porque vaya a pasar nada mañana, sino porque no controlas dónde acaba eso ni cuánto tiempo se guarda, y si un día hay que dar explicaciones, las das tú.
Para trabajar con datos reales hay versiones de pago con condiciones distintas. Merece la pena leerlas antes, no después.
Si prefieres que esa parte la llevemos nosotros, hablemos.