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Contenido con IA que no suena a robot

· 5 min de lectura

Se reconoce a la primera. No por una palabra concreta, sino por un conjunto de tics: frases de la misma longitud, párrafos simétricos, adjetivos de relleno, y esa manía de anunciar lo que va a decir antes de decirlo.

El lector no piensa «esto lo ha escrito una máquina». Piensa «esto no me está diciendo nada» y se va. El efecto sobre tu marca es peor que no publicar.

Por qué pasa

Un modelo de lenguaje produce lo más probable. Eso, aplicado a la escritura, da el texto medio de internet: correcto, ordenado y sin nada dentro.

Lo que hace que un texto valga la pena es justo lo improbable. Un dato que solo tú tienes. Una opinión que se moja. Un ejemplo concreto de un cliente concreto. Nada de eso está en el modelo, porque no está en ningún sitio: está en tu cabeza y en tu experiencia.

Lo que sí aporta

Con eso claro, la IA hace bien tres cosas.

Estructurar. Convertir treinta notas sueltas en un guion ordenado. Ahí es rápida y no hay riesgo: la estructura no es lo que da personalidad.

Levantar el primer borrador. Partir de una página en blanco es lo que más frena a la gente. Partir de un borrador malo es mucho más llevadero, porque corregir es más fácil que crear.

Adaptar formatos. Un artículo que ya existe convertido en guion de vídeo, en publicación para redes o en correo. El contenido ya está pensado; cambia el envase.

Lo que no delega nunca

La opinión. Si el texto no dice nada que alguien pudiera discutir, no dice nada.

Los datos propios. «Los negocios que trabajan el SEO local mejoran su visibilidad» no vale nada. «De los proyectos que llevamos, los que ordenan su ficha de Google notan cambios en el primer mes» sí, porque nadie más puede escribirlo.

El final. El último paso siempre lo da una persona: quitar lo que sobra, meter lo que falta y comprobar que suena a ti.

Una prueba rápida

Lee tu texto y pregúntate: ¿podría haberlo publicado tu competencia sin cambiar una coma?

Si la respuesta es sí, no sirve. Da igual quién lo haya escrito.

Y respecto a Google

Google no penaliza usar IA. Lo ha dicho de forma explícita. Lo que sí penaliza, desde marzo de 2024, es el contenido producido en masa sin aportar nada, y su política de scaled content abuse apunta exactamente a eso.

La detección no va por si lo escribió una máquina. Va por el patrón: mucho volumen, publicado de golpe, genérico, sin experiencia detrás. Un blog con dos artículos buenos al mes rinde más que uno con cincuenta vacíos, y además no se juega el dominio.

Es la conversación que tenemos con casi todos los clientes que llegan preguntando por «generar contenido con IA». La herramienta ayuda; el criterio sigue costando lo mismo.

Un método que funciona

El orden importa más que la herramienta.

Primero, la idea y la postura. Antes de escribir una línea hay que saber qué se defiende. Si el artículo no tiene una posición, no hay nada que redactar: hay que rellenar, y rellenar es lo que se nota.

Después, la materia prima propia. Datos de tus proyectos, cosas que dicen tus clientes, errores que has visto repetirse. Media hora de notas sueltas vale más que cualquier prompt elaborado.

Luego sí, el borrador asistido. Con la idea y las notas encima de la mesa, la IA ordena y redacta un primer pase decente en minutos.

Y al final, la mano. Quitar los adjetivos que no aportan, romper el ritmo cuando todas las frases miden igual, sustituir lo genérico por lo concreto, y leerlo en voz alta. Lo que suena raro en voz alta, está mal escrito.

Sobre el volumen

Hay una tentación evidente: si escribir cuesta menos, escribamos mucho más.

Los números dicen otra cosa. Un blog que publica dos artículos buenos al mes acumula autoridad; uno que publica veinte genéricos gasta rastreo de Google, diluye la relevancia entre páginas que compiten entre sí y, en el peor caso, se lleva un ajuste de calidad que afecta al dominio entero.

El volumen solo funciona si cada pieza aguanta sola. Y eso, hoy por hoy, sigue requiriendo que alguien piense.

Cómo se nota que lo escribió una máquina

Hay señales que un lector detecta sin saber que las detecta, y merece la pena conocerlas para quitarlas.

Todos los párrafos miden lo mismo. Un texto escrito por una persona tiene frases cortas de golpe, incisos, párrafos de una línea. La uniformidad es lo primero que delata.

No hay ningún ejemplo concreto. Los modelos generalizan: hablan de «una empresa» y de «resultados notables». Un texto humano dice qué empresa, qué resultado y en cuánto tiempo.

Nadie tiene una opinión. Los textos generados evitan mojarse: presentan ventajas e inconvenientes y no eligen. Quien escribe desde su oficio elige, y a veces dice que algo no merece la pena.

Cierra siempre igual. Un párrafo de resumen entusiasta con una llamada a la acción. Es reconocible a cien metros.

Corregir esas cuatro cosas convierte un borrador aceptable en algo publicable. Es media hora de trabajo por texto, y es exactamente la media hora que separa un blog que aporta de uno que rellena.

Qué le pedimos a un texto antes de publicarlo

Tres preguntas. ¿Dice algo que no diría cualquier competidor? ¿Hay al menos un dato o un caso que solo podamos conocer nosotros? ¿Se entiende sin haber leído nada más?

Si alguna respuesta es no, se reescribe. Y si después de reescribir sigue sin pasar las tres, se descarta: publicar un texto que no aporta ocupa el sitio de uno que sí.

Si prefieres que esa parte la lleve alguien, nos encargamos del contenido con la IA donde suma y una persona donde hace falta.

Preguntas frecuentes

Lo que suele preguntarse.

Google no penaliza por usar IA: penaliza el contenido que no aporta nada, se genere como se genere. Un texto útil, con datos y experiencia propia, posiciona aunque el borrador lo escribiera una máquina.

Por las frases de relleno, los tres adjetivos donde bastaba uno, las conclusiones que repiten la introducción y la ausencia total de casos concretos. Lo que delata no es el estilo: es que no cuenta nada que solo tú sepas.

Datos tuyos: cifras de tus proyectos, objeciones que te ponen tus clientes, lo que has visto fallar. Eso no está en el modelo, y es exactamente lo que hace que un artículo se distinga de otros cincuenta iguales.

Esto mismo, aplicado a tu negocio.

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