Normativa

¿Puede un psicólogo hacer publicidad? Lo que dice el COP

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¿Puede un psicólogo hacer publicidad? Lo que dice el COP

Sí, un psicólogo puede hacer publicidad. La duda viene de que el código deontológico pone límites que no existen en otros sectores, y de que casi nadie los explica en concreto.

Conviene conocerlos, no por miedo a una sanción —que es poco frecuente—, sino porque marcan cómo se comunica bien en este sector. Y resulta que lo permitido convence más que lo prohibido.

Lo que el código deontológico no permite

El Código Deontológico del Consejo General de la Psicología es explícito en varias cosas.

Prometer resultados o curaciones. No se puede afirmar que un tratamiento cura, ni garantizar que el paciente mejorará. La psicología no funciona así y anunciarlo como si funcionase es publicidad engañosa además de una falta deontológica.

Usar el testimonio de un paciente. Es la pieza que pediría cualquier agencia y aquí choca de frente con el secreto profesional. Ni con permiso, ni anonimizado, ni «una paciente nos contó». No.

Comparar tu eficacia con la de otros colegiados o desacreditar a otros profesionales o a otras corrientes terapéuticas.

Aprovechar el momento de vulnerabilidad. La publicidad que juega con el miedo o la urgencia —«no dejes pasar más tiempo», «tu ansiedad empeorará»— cruza esa línea con facilidad.

Presentarte con títulos que no tienes. Sanitario, especialista, experto: cada palabra tiene un significado regulado y usarla mal es lo que más problemas da.

Lo que sí puedes decir, y funciona mejor

Aquí está lo interesante: casi todo lo que convence a alguien que busca psicólogo está permitido.

Quién eres. Tu formación, tu número de colegiado, dónde te formaste y cuántos años llevas. Es información objetiva y es exactamente lo que la gente comprueba.

Cómo trabajas. Qué corriente sigues, cómo estructuras un proceso, cuántas sesiones suele durar algo así. Explicarlo con detalle es lo que más diferencia una consulta de otra.

Qué pasa en la primera sesión. Cuánto dura, qué se hace, si hay que preparar algo, qué ocurre si no encajáis. Esto reduce más el miedo a pedir cita que cualquier eslogan.

Datos prácticos. Precio, horarios, si atiendes online, si hay lista de espera, cuánto tardas en responder.

El caso de las reseñas de Google

Es la duda que más se repite. Una reseña no es un testimonio publicitario que tú publicas: es una opinión que alguien deja por su cuenta en una plataforma pública.

Puedes tener reseñas y puedes responderlas. Lo que no puedes es pedirlas de una forma que revele quién es paciente tuyo, ni responder confirmando que alguien lo es. La respuesta correcta a una reseña de un paciente nunca dice «me alegro de que la terapia te fuera bien»: agradece el comentario sin confirmar nada.

Cómo se pide sin incomodar está en reseñas de Google, cómo conseguirlas sin suplicar, teniendo en cuenta que en tu caso la petición nunca puede ser un mensaje directo a alguien identificable como paciente.

Las plataformas también tienen sus normas

Al margen del colegio, Google y Meta clasifican la salud mental como categoría sensible. Eso significa restricciones en la segmentación de anuncios y rechazo automático de textos que prometan resultados.

Es una coincidencia útil: lo que rechaza la plataforma es casi siempre lo mismo que prohíbe el código. Escribir dentro de las normas deontológicas te evita también que te tumben los anuncios.

Las palabras que hay que usar con cuidado

Buena parte de los expedientes que abren los colegios no vienen del mensaje, sino de una palabra concreta mal usada.

«Psicólogo sanitario» y «psicólogo clínico» no son intercambiables. El Psicólogo General Sanitario y el Especialista en Psicología Clínica son títulos distintos, con vías de acceso distintas. Usar el segundo sin tenerlo es de las cosas que más rápido acaban en denuncia de un colega.

«Especialista en» tiene significado regulado. Puedes decir en qué estás formado, a qué dedicas tu práctica o qué corriente sigues. Lo que no puedes es dar a entender una especialidad oficial que no tienes.

«Terapia» y «tratamiento» sí puedes usarlas, pero no acompañadas de una promesa de resultado.

«Primera consulta gratuita» es legal, aunque hay colegios que la miran con recelo cuando se plantea como reclamo comercial. Si la ofreces, explica qué se hace en ella: eso la convierte en información y no en gancho.

Qué pasa si alguien te denuncia

Conviene saberlo, porque el miedo suele ser mayor que el riesgo real.

Lo habitual no es una sanción: es un requerimiento de la comisión deontológica pidiendo que corrijas algo concreto. Se corrige y se acaba ahí. Las sanciones aparecen cuando hay reincidencia o cuando el asunto es grave, como atribuirse una titulación.

Aun así, hay una precaución barata: guarda una copia de tu web tal como está publicada, con su fecha. Si más adelante hay que explicar qué decías y cuándo, tenerlo documentado ahorra el trabajo de reconstruirlo de memoria.

El resumen práctico

No prometas, no compares, no uses pacientes y no metas prisa. Explica quién eres, cómo trabajas y qué pasa cuando alguien entra por la puerta.

Suena limitante y es lo contrario: quien busca un psicólogo no está buscando promesas, está buscando saber a qué atenerse. Sobre cómo escribir eso sin sonar a folleto, textos de web que convencen sin sonar a vendedor.

Si quieres que lo revisemos con tu web delante, lo hacemos en marketing para psicólogos.

Preguntas frecuentes

Lo que suele preguntarse.

Esto mismo, aplicado a tu negocio.

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