Diseño web

Cuánto cuesta la web de un psicólogo y qué debe llevar

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Cuánto cuesta la web de un psicólogo y qué debe llevar

La horquilla que te vas a encontrar va de trescientos euros a más de cinco mil, y la diferencia casi nunca es la calidad del diseño. Es lo que cada presupuesto incluye y lo que se calla.

De qué depende el precio

Si es plantilla o diseño propio. Una plantilla adaptada es rápida y barata; se nota, pero para una consulta pequeña puede bastar. Un diseño hecho para ti cuesta más porque son horas de alguien.

Cuántas páginas. Aquí es donde más se disparan los presupuestos que parecían cerrados. «Una web para tu consulta» sin número de páginas significa que todo lo que pidas de más será un extra.

Quién escribe los textos. Es la partida que más se omite. Si el presupuesto no lo dice, se da por hecho que los escribes tú, y el proyecto se queda parado meses esperando.

Las fotos. Banco de imágenes, sesión propia o las tuyas. Una sesión de fotos en tu despacho puede costar tanto como media web, y en este sector se nota mucho: las fotos de archivo de gente mirando por la ventana restan credibilidad.

El seguimiento. Configurar bien de dónde viene cada contacto es la parte aburrida y la que casi nadie hace. Sin ella no sabrás nunca qué canal te trae pacientes. Va de eso cómo medir si tu web realmente vende.

Los rangos reales

Entre 300 y 900 €: plantilla adaptada, cuatro o cinco páginas, textos tuyos. Sirve para existir y para que la ficha de Google tenga a dónde enlazar.

Entre 1.000 y 2.500 €: diseño propio, páginas por especialidad, textos redactados con tu criterio y formulario montado como toca. Es el rango donde una consulta empieza a competir en búsquedas.

Más de 3.000 €: añade reserva de cita online, integración con tu agenda, área de paciente o varias sedes. Justificado si el volumen lo pide, innecesario si acabas de empezar.

A eso hay que sumarle lo que casi nunca aparece en el presupuesto: dominio, alojamiento, certificado de seguridad y mantenimiento. Entre 150 y 400 € al año, y no es opcional.

Lo que hay que exigir por escrito

Antes de comparar dos presupuestos, comprueba que los dos digan estas cosas. Si uno no las dice, no es más barato: es que están fuera.

  • El número exacto de páginas, con su nombre.
  • Quién redacta los textos y quién los revisa.
  • De dónde salen las fotos.
  • Cuántas rondas de cambios están incluidas. Dos es lo habitual.
  • A nombre de quién quedan el dominio y el alojamiento. Tiene que ser el tuyo, con tus accesos.
  • Qué pasa al terminar: quién actualiza, quién hace copias, qué cuesta al mes.
  • Los textos legales, redactados para una consulta de psicología y no copiados de otra web.

Esto último importa más de lo que parece. Tu política de privacidad describe el tratamiento de datos de salud, que es categoría especial. Una plantilla genérica no la cubre.

La trampa habitual del precio bajo

El presupuesto muy barato suele tener una de estas dos cosas detrás.

El dominio y la web quedan a nombre de quien te la hace. Es lo que convierte un precio bajo en una permanencia de hecho: el día que quieras irte, empiezas de cero.

No hay mantenimiento. La web se entrega y se olvida. A los dos años tiene el gestor sin actualizar, un formulario que ya no envía correos y ninguna copia de seguridad.

Un presupuesto de tres páginas con todo detallado suele acabar costando menos que uno de media página con una cifra llamativa, porque en el segundo esas partidas no han desaparecido: están esperando a facturarse como extras. El mismo razonamiento, para cualquier sector, está en cuánto cuesta una web profesional y por qué varía tanto.

Lo que aporta tu tiempo, que también cuesta

Ningún presupuesto lo dice y es la partida que más retrasa un proyecto.

Aunque la agencia redacte, alguien tiene que contar cómo trabajas, revisar que lo escrito es correcto y decidir qué se cuenta y qué no. En una web de cinco páginas eso son entre cinco y ocho horas tuyas repartidas en unas semanas.

Vale la pena reservarlas de antemano en la agenda, como se reserva una supervisión. Las webs que se quedan a medias no se quedan por dinero: se quedan porque nunca hay un hueco para revisar los textos.

Cuándo no toca hacerse una web

Hay dos situaciones en las que el dinero rinde más en otro sitio.

Si aún no tienes clara tu especialidad. Una web construida sobre «hago un poco de todo» no compite en ninguna búsqueda. Es mejor esperar a tener dos o tres cosas claras.

Si tu ficha de Google está sin trabajar. Es gratis, trae llamadas en semanas y le pasa autoridad a la web que hagas después. Hacer la web antes que la ficha es empezar por el paso caro.

Qué preguntar antes de firmar

Tres preguntas que ordenan cualquier reunión con quien te vaya a hacer la web:

«¿Qué pasa si a mitad del proyecto quiero cambiar de idea con los textos?». «¿Quién tiene los accesos el día que entregáis?». «¿Qué me cuesta al mes a partir del segundo año?».

Las respuestas a esas tres explican mejor el precio que cualquier desglose.

La alternativa de la cuota mensual

Cada vez más consultas prefieren pagar una cuota en vez de un desembolso inicial. Tiene sentido cuando incluye mantenimiento y cambios, y solo si el dominio queda a tu nombre y no hay permanencia. Sin esas dos condiciones es un alquiler con candado.

Nosotros lo hacemos así, y las condiciones están escritas en marketing para psicólogos.

Preguntas frecuentes

Lo que suele preguntarse.

Esto mismo, aplicado a tu negocio.

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