Qué páginas necesita la web de un psicólogo
La web de una consulta de psicología no necesita ser grande. Necesita tener las páginas correctas, y casi todas las que veo tienen tres de las que hacen falta y cuatro que no sirven para nada.
Esta es la estructura mínima que funciona, y por qué cada pieza está.
Inicio: para quien ya sabe quién eres
Mucha gente llega a tu portada después de que alguien le haya dado tu nombre. Viene a comprobar que existes y que da confianza, no a que le convenzan.
Así que la portada necesita, arriba y sin hacer scroll: tu nombre, tu número de colegiado, en qué trabajas, dónde estás y un botón para pedir cita. Todo lo demás va debajo.
Lo que sobra es el titular vacío. «Tu bienestar es nuestra prioridad» no dice nada que no dijeran las otras once webs que esa persona ha mirado esta noche.
Sobre mí: la página que más se lee
En cualquier otro sector la página «sobre nosotros» es de relleno. Aquí es la segunda más visitada, y a veces la primera.
Quien va a contarte lo que no le cuenta a nadie quiere saber quién eres. Formación, dónde te formaste, cuántos años llevas, en qué corriente trabajas y por qué. Una foto tuya real, mirando a cámara, en tu despacho. No de banco de imágenes.
Es la página donde se decide la mayoría de las primeras citas, y suele ser la peor escrita de todo el sitio.
Una página por cada cosa que tratas
Aquí está el error estructural más común: una sola página de «servicios» con ocho especialidades en una lista.
Nadie busca «servicios de psicología». Buscan «psicólogo ansiedad», «terapia de pareja», «psicólogo infantil», «duelo». Cada una es una búsqueda distinta y necesita su propia página con su propio texto.
Y no basta con partir la lista en ocho páginas de tres líneas. Cada una tiene que explicar cómo abordas ese caso concreto, qué suele durar, qué señales llevan a la gente a consultar por eso y qué pasa en la primera sesión. Eso es lo que la hace competir; una página de tres líneas no compite con nadie.
Si tratas ocho cosas, empieza por las tres que más te interesan y hazlas bien. Es mejor que ocho a medias.
Primera sesión: la página que quita el miedo
Casi nadie la tiene y es la que más convierte.
Cuánto dura, qué se hace, si hay que llevar algo, qué pasa si no encajáis, si se puede cambiar de profesional dentro del mismo centro, cómo se paga. Todo lo que alguien se pregunta antes de escribir y no se atreve a preguntar.
Responderlo por escrito hace dos cosas: reduce el miedo a dar el paso y filtra a quien no encaja, que también interesa.
Tarifas: sí, con el precio
Es la duda eterna y la respuesta práctica es que sí conviene ponerlo.
Quien no ve precio asume que es caro y sigue buscando. Quien lo ve decide, y si decide que no le encaja, te ahorra una consulta que no iba a ninguna parte. No hace falta una tabla complicada: precio de sesión, duración, formas de pago y si hay bono o tarifa reducida.
Contacto: el formulario más corto posible
Nombre, correo o teléfono, y un campo libre. Nada más. Cada campo adicional pierde gente.
Y hay algo que casi nadie tiene en cuenta: en cuanto alguien escribe en ese campo libre por qué quiere pedir cita, eso es dato de salud, categoría especial del artículo 9 del RGPD. Cambia dónde se puede guardar, cuánto tiempo y quién lo ve. Los límites de lo que se puede pedir y decir en una consulta están en ¿puede un psicólogo hacer publicidad?.
Debajo del formulario, tres cosas: cuánto tardas en responder, el teléfono por si prefieren llamar, y la dirección con un mapa.
Terapia online: página propia, no una línea
Si atiendes por videollamada, eso no es una frase suelta en la página de contacto: es una página.
Quien busca terapia online tiene dudas distintas de quien busca consulta presencial. Si funciona igual de bien, cómo se garantiza la confidencialidad al otro lado de una pantalla, qué plataforma usas, qué pasa si se corta la conexión, si se puede combinar con sesiones presenciales.
Y es la única página que te permite competir fuera de tu ciudad, así que merece su propio texto y sus propias palabras.
El orden dentro de cada página
Da igual la página: la estructura que funciona es siempre la misma.
Arriba, sin hacer scroll, qué es y para quién. Después, el problema con las palabras del paciente, no con las del sector. Luego, cómo trabajas eso concretamente. Después, qué pasa en la primera sesión. Y al final, cómo pedir cita.
El error más común es empezar por la formación. Importa, y mucho, pero se lee después de que la persona haya reconocido su situación en lo que has escrito. Antes de eso es ruido.
Lo que se mira en el móvil
Tres de cada cuatro visitas a la web de una consulta llegan desde un teléfono, muchas de noche.
Eso obliga a dos cosas concretas: que el botón de pedir cita se vea sin bajar y que el texto se pueda leer sin ampliar. Una web que en el ordenador está bien y en el móvil obliga a hacer zoom pierde a la mayoría de quien llega.
Legales: tres, y bien hechas
Aviso legal, privacidad y cookies. Con tu nombre, tu NIF y tu domicilio fiscal, no los de la plantilla que venía con la web.
En una consulta de psicología la política de privacidad no es un trámite: describe el tratamiento de datos de salud, y es lo primero que se mira si alguien reclama.
Lo que no hace falta
Un blog que no vas a mantener. Una página de «filosofía». Un carrusel de fotos del despacho vacío. Una sección de preguntas frecuentes con preguntas que nadie hace.
Seis páginas bien escritas rinden más que veinte a medias, y son las que puedes mantener al día tú solo. Sobre de dónde salen las diferencias de precio entre presupuestos, cuánto cuesta una web profesional y por qué varía tanto.
Y si prefieres no montarlo tú, es lo que hacemos en marketing para psicólogos.