Doctoralia o web propia: qué conviene a una consulta
Es una de las primeras decisiones que toma una consulta cuando empieza a pensar en cómo llenar la agenda, y suele plantearse mal: como si fueran dos versiones de lo mismo y hubiera que elegir.
No lo son. Hacen cosas distintas y fallan por motivos distintos.
Qué te da un directorio
Volumen desde el primer día. Doctoralia y similares ya están posicionados para «psicólogo» y cualquier ciudad. Apareces ahí y entras en un escaparate que ya tiene visitas.
Cero mantenimiento. Rellenas un perfil y se acabó.
Una señal de confianza prestada. Quien no te conoce ve una plataforma conocida detrás, y eso ayuda al principio.
Para una consulta recién abierta, sin reseñas y sin web, eso es mucho.
Qué te cuesta de verdad
Compites por precio. Apareces en una lista junto a otros veinte colegiados, filtrable por tarifa. Todo lo que te diferencia —cómo trabajas, tu formación, tu forma de explicar— cabe en un párrafo que casi nadie lee.
El paciente no es tuyo, es del directorio. Llega a través de ellos y su relación es con la plataforma. El día que dejas de pagar, ese canal desaparece entero y no queda nada construido.
No acumula. Un año en un directorio te deja donde estabas. Un año trabajando tu web y tu ficha te deja con posiciones que siguen ahí el mes siguiente.
Y sube. Las tarifas de los directorios suben cuando el mercado se satura, y la única alternativa que te ofrecen es pagar más para salir antes.
Qué te da una web propia
La diferencia se puede explicar. Una página por especialidad donde cuentas cómo trabajas ese caso, cuánto suele durar y qué pasa en la primera sesión. Eso no cabe en un perfil de directorio.
El paciente llega directo. Sin intermediario y sin comisión.
Se acumula. Cada mes que pasa con la web bien trabajada, mejor posición. Y lo ganado no se pierde si dejas de invertir un mes.
Alimenta la ficha de Google. Una web propia con contenido real refuerza tu posición en el mapa, que es de donde salen las llamadas de tu ciudad. Sobre eso, cómo aparecer en Google Maps siendo psicólogo.
Y qué te cuesta
Tarda. Entre tres y seis meses en moverse de verdad. Si necesitas pacientes este mes, la web sola no te los va a dar.
Hay que mantenerla. Una web abandonada dos años transmite exactamente eso.
Hay que hacerla bien. Una web mal montada es peor que no tenerla: si tarda en cargar, no se ve en el móvil o el formulario no funciona, gasta la única oportunidad que tenías con esa persona. Lo que debe llevar está en qué páginas necesita la web de un psicólogo, y lo que cuesta, en cuánto cuesta la web de un psicólogo.
La respuesta práctica
Para casi cualquier consulta pequeña, los dos, pero con papeles distintos y en este orden.
Al empezar: directorio para tener volumen desde ya, y en paralelo la ficha de Google —que es gratis— y una web sencilla. La ficha es lo que más rinde por lo poco que cuesta.
A los seis meses: mira de dónde ha venido cada paciente. Si la mitad llega ya por Google, el directorio ha pasado de ser tu canal a ser un complemento.
Al año: decide con datos. Si el directorio te trae tres pacientes al mes, divide lo que pagas entre esos tres y compáralo con lo que te cuesta cada paciente por los demás canales. De dónde llega cada uno y cuál se puede acelerar está en cómo conseguir pacientes para una consulta de psicología.
Cómo saber de dónde viene cada paciente
Todo lo anterior se decide con un dato que casi nadie recoge, y recogerlo cuesta diez segundos.
En la primera llamada o en la primera sesión, una pregunta: «¿cómo diste con nosotros?». Se apunta la respuesta en una lista con la fecha, y ya está.
A los tres meses esa lista te dice cosas que ningún panel de analítica te va a decir, porque recoge también lo que pasa fuera de internet: quién te derivó, quién te recomendó, quién te vio por la calle. Y es lo único que permite comparar canales de verdad.
Suele haber una sorpresa: mucha gente que dice «por Google» llega en realidad porque alguien le dio tu nombre y lo buscó para comprobarte. Eso no significa que Google no sirva; significa que la web hace de verificación además de captación, y que por eso tiene que transmitir confianza aunque nadie llegue a ella buscando a ciegas.
El coste que no se ve del directorio
Además de la cuota hay un coste que no aparece en la factura: el tiempo de atender consultas que no encajan.
Los directorios optimizan para volumen, así que llega gente que busca otra cosa, que compara precios o que quiere una consulta puntual cuando tú trabajas procesos. Cada una de esas se responde, y responder cuesta tiempo.
Una web propia que explica bien cómo trabajas filtra antes: llega menos gente y encaja más. Para una consulta pequeña, donde el cuello de botella son las horas y no los contactos, eso a menudo vale más que el volumen.
Lo que no hay que hacer
Pagar cuatro directorios a la vez. Se solapan, compiten entre ellos por las mismas búsquedas y ninguno acumula nada.
Y tampoco poner el enlace de tu perfil del directorio como si fuera tu web. Es regalarle a la plataforma la autoridad que podrías estar construyendo tú.
Si quieres que montemos la parte que sí acumula, es lo que hacemos en marketing para psicólogos.