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Qué mirar antes de contratar una agencia de marketing

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Qué mirar antes de contratar una agencia de marketing

Contratar una agencia de marketing es una de esas decisiones que se toman con poca información y se sufren durante meses. Y lo incómodo es que escribimos esto siendo una: lo que sigue va contra nuestro interés a corto plazo tanto como contra el de cualquier otra.

Lo primero: qué problema quieres resolver

Antes de pedir presupuestos, escribe en una frase qué quieres que cambie. No «quiero más visibilidad», sino algo comprobable: «quiero recibir cinco presupuestos al mes desde la web», «quiero salir en el mapa cuando alguien busca mi servicio en Lleida».

Sin eso, cualquier propuesta parece razonable y ninguna se puede evaluar. Con eso, las propuestas se comparan solas.

Las preguntas que separan una agencia de otra

¿Quién va a llevar mi cuenta en el día a día? Es la pregunta más útil y la que menos se hace. En muchas agencias el que te vende no es el que trabaja. Pide el nombre y, si puede ser, hablar con esa persona antes de firmar.

¿Podéis enseñarme un caso parecido con números? No un logotipo en una cuadrícula: qué situación había, qué se hizo y qué pasó. Si los casos son todos genéricos o no pueden dar detalles «por confidencialidad» en ninguno, es una señal.

¿Qué informes recibiré y cada cuánto? Y sobre todo: ¿los voy a entender? Un informe de cuarenta páginas con gráficos de impresiones no dice si has ganado clientes.

¿De quién son las cuentas? Google Ads, Analytics, Search Console, el dominio, el hosting, los perfiles sociales. Todo eso debe estar a tu nombre, con la agencia como usuaria. Si están a nombre de la agencia, el día que lo dejes empiezas de cero.

¿Qué pasa si lo dejamos? Qué te llevas, en cuánto tiempo y en qué formato. Conviene tenerlo por escrito antes, no cuando ya hay tensión.

¿Qué haríais el primer mes? Una respuesta buena es aburrida y concreta: mirar los datos que ya hay, revisar la web, ver a la competencia local. Una respuesta mala empieza a proponer campañas antes de conocer el negocio.

¿Puedo hablar con un cliente vuestro de mi tamaño? Una agencia con clientes contentos lo da encantada. La llamada dura diez minutos y vale más que toda la presentación.

Las señales de alarma

Garantizar la primera posición en Google. Nadie controla ese algoritmo. Las garantías de posición solo se cumplen eligiendo búsquedas que no hace nadie, y así es como se cumplen.

Un presupuesto sin desglose. «Plan de marketing: 900 €/mes» no permite saber qué estás pagando. Debería verse qué horas, en qué, y qué parte es inversión publicitaria, que es dinero que va a Google o a Meta y no a la agencia.

Prisa por firmar. Las ofertas que caducan en 48 horas son una técnica de venta, no una condición real.

Hablar solo de herramientas. Una agencia que enumera las plataformas que usa pero no pregunta por tu margen, tu capacidad de atender más clientes o tu estacionalidad, no está pensando en tu negocio.

No decir nunca que no. Si a todo lo que propones responden que sí, o son muy flexibles o no tienen criterio. Una agencia que te dice «eso no lo haría» y explica por qué vale más.

La permanencia, en su sitio

Las permanencias de tres a doce meses son razonables: el SEO necesita recorrido y una campaña no se juzga en tres semanas.

Lo que hay que mirar no es la duración, sino qué pasa al final. Si al terminar te llevas los accesos, los contenidos y los datos, la permanencia protege un trabajo que tarda en dar fruto. Si al terminar te quedas sin nada, no es permanencia: es dependencia.

Qué es razonable esperar y cuándo

Es la parte donde más expectativas se rompen.

En publicidad de pago, los primeros datos llegan en semanas, pero saber si es rentable de verdad lleva dos o tres meses. En SEO local, los movimientos empiezan a los tres o cuatro meses y se consolidan hacia el año. En contenidos, cada artículo tarda meses en posicionar.

Una agencia que te promete resultados de SEO en treinta días o no sabe cómo funciona o cuenta con que no lo compruebes.

En Lleida, un par de consideraciones

Cerca o lejos, importa menos de lo que parece, pero importa. El trabajo se puede hacer a distancia perfectamente. Lo que sí cambia es conocer el terreno: quién es tu competencia real en la ciudad, qué busca la gente de aquí y en qué idioma, qué eventos mueven tu sector. Eso no se aprende en una llamada.

El catalán no es un extra. Si tu clientela es de aquí, quien lleve tus contenidos y tus anuncios tiene que poder trabajar en catalán con naturalidad. Es una pregunta directa que conviene hacer antes de firmar.

Que aparezca buscando «marketing Lleida» no significa que esté aquí. Muchas son empresas grandes con una página generada para cada ciudad. Eso no las hace malas, pero no pueden aparecer en el mapa de Google cuando alguien busca desde aquí y no conocen el mercado. Se comprueba rápido: mira si tienen dirección real en la ficha de Google y pregunta si puedes pasarte por la oficina.

Qué debería llevar el presupuesto por escrito

Antes de firmar, cinco cosas que conviene que estén escritas y no habladas.

Qué se hace cada mes, con frecuencia: cuántos artículos, cuántas campañas revisadas, cuántas reuniones.

Qué queda fuera y cuánto costaría. Es lo que evita la discusión del cuarto mes.

Quién paga la inversión publicitaria y si va aparte de la cuota. Confundir cuota con presupuesto de anuncios es el malentendido más caro de este sector.

A nombre de quién quedan las cuentas y el dominio.

Preaviso para dejarlo y qué material se entrega al salir.

Un presupuesto que no dice estas cinco cosas no es un presupuesto: es una intención.

La diferencia entre una agencia y un freelance

Las dos opciones son válidas y sirven para cosas distintas.

Un profesional por su cuenta suele salir más barato, trabaja más cerca del cliente y es la opción sensata para un frente concreto: la web, el posicionamiento, las redes. El riesgo es la dependencia de una sola persona y que las vacaciones o una baja paren el proyecto.

Una agencia cuesta más y aporta varias especialidades a la vez y continuidad. El riesgo es acabar siendo un cliente pequeño dentro de una cartera grande, atendido por quien tiene menos experiencia.

La pregunta que resuelve la duda es la misma en los dos casos: quién va a hacer el trabajo, con qué dedicación al mes, y qué pasa si esa persona no está.

Antes de decidir

Pide dos o tres propuestas y compáralas por lo que incluyen, no por el precio final. Es habitual que la más barata no incluya los textos, ni las fotos, ni el mantenimiento posterior, y que acabe costando más.

Y haz una última comprobación: mira la web de la agencia y busca qué posiciones ocupa ella misma para su propio servicio en su ciudad. No es una prueba definitiva, pero dice bastante.

La misma cautela sirve para presupuestos de web, donde la horquilla de precios es todavía más ancha: cuánto cuesta una web profesional y por qué varía tanto explica de dónde salen las diferencias. Y si quieres ver cómo trabajamos nosotros, está en agencia de marketing en Lleida.

Preguntas frecuentes

Lo que suele preguntarse.

Casos de un sector parecido al tuyo con números, no con adjetivos. Quién va a llevar tu cuenta en el día a día. Qué informes vas a recibir y cada cuánto. Y qué pasa con tus cuentas y tus datos si un día lo dejas.

Es la señal de alarma más clara que hay. Nadie controla el algoritmo de Google, y las garantías de posición solo se cumplen eligiendo búsquedas que nadie hace. Lo que sí se puede comprometer es el trabajo y la transparencia.

En publicidad de pago, los primeros datos en semanas y una conclusión fiable en dos o tres meses. En SEO local, movimientos a los tres o cuatro meses y consolidación hacia el año. Quien prometa SEO en treinta días cuenta con que no lo compruebes.

Esto mismo, aplicado a tu negocio.

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