Preparar la web para el pico de visitas de noviembre
Hay un momento incómodo que se repite cada noviembre en negocios pequeños: la campaña funciona, entra gente de verdad, y la web empieza a ir lenta justo cuando más importa. O peor: el formulario deja de enviar y nadie se entera hasta el lunes.
Lo frustrante es que casi todo eso se detecta en octubre en un par de horas.
Lo que se rompe cuando entra tráfico de golpe
Una web tranquila esconde sus problemas. Con veinte visitas al día, una página que tarda cuatro segundos no se nota: la gente que entra ya te conoce y espera. Con mil visitas en dos horas, de gente que no te conoce y que viene de un anuncio, esos cuatro segundos son la diferencia entre vender y no vender.
Los fallos habituales son siempre los mismos:
Imágenes sin optimizar. Es el problema número uno y el más fácil de arreglar. Una foto de producto subida tal cual sale de la cámara puede pesar cinco megas. Diez fotos así en una página son cincuenta megas que alguien tiene que descargar con datos móviles mientras hace cola en el supermercado.
Scripts de terceros acumulados. El chat que instalaste y no usas, el píxel de una campaña de hace dos años, el mapa incrustado en el pie, dos herramientas de analítica distintas. Cada uno abre una conexión y retrasa el pintado de la página.
El alojamiento justo. Un plan compartido barato aguanta el tráfico de todos los días. En un pico, empieza a poner en cola las peticiones y todo se ralentiza a la vez.
El formulario. Es el que más silenciosamente falla. Cambió el correo de destino, el certificado de la pasarela caducó, el antispam se puso demasiado estricto. Nadie lo prueba porque nadie envía formularios a su propia web.
La revisión de octubre, punto por punto
Mide la velocidad de verdad. Pásale PageSpeed Insights a tu página de inicio y a la página del producto que vas a promocionar, con la pestaña de móvil. No mires solo la puntuación: mira el apartado de oportunidades, que dice exactamente qué pesa demasiado. Si el primer contenido tarda más de 2,5 segundos en aparecer, tienes trabajo.
Optimiza las imágenes de campaña. Todas las fotos que vayan a salir en la promoción, redimensionadas al tamaño en que se ven de verdad y convertidas a un formato moderno. Una foto que se ve a 800 píxeles de ancho no necesita tener 4.000.
Quita lo que no usas. Entra en la lista de plugins o de scripts y borra todo lo que no recuerdes haber activado a propósito este año. Cada uno que quitas es tiempo de carga que recuperas.
Prueba el camino completo desde el móvil. Con datos móviles, no con wifi. Entra como si fueras un cliente: busca el producto, míralo, añádelo, rellena el formulario o el pago, y comprueba que el aviso te llega. Hazlo entero. La mitad de los fallos de campaña se detectan en esos cinco minutos.
Comprueba que los avisos llegan. Manda un pedido o un formulario de prueba y confirma que el correo entra, que no cae en spam y que va a una dirección que alguien mira los domingos.
Comprobar que aguanta, sin herramientas caras
Coge tu web y mide el tiempo de carga en un momento tranquilo, con PageSpeed Insights o con las herramientas del navegador. Anota el número.
Luego pide a cinco o seis personas conocidas que entren a la vez, desde sus móviles y con datos, a una hora acordada. Que naveguen, añadan al carrito y lleguen al pago. Mide otra vez.
No es una prueba de carga de verdad, pero detecta el problema grosero: si con seis personas ya se nota, con seiscientas no hay nada que hacer.
La página de la oferta, aparte
Si vas a hacer campaña sobre un producto o servicio concreto, esa página merece revisión propia. Tres cosas que decide en los primeros segundos:
Que se entienda qué es y cuánto cuesta sin hacer scroll. Que el botón de comprar o de contactar esté arriba y abajo, no solo al final. Y que las dudas típicas —plazo de entrega, devoluciones, si hay stock— estén en la propia página, no en otra a la que hay que ir.
Cada pregunta que obligas a hacer por teléfono es gente que no la hace y se va.
Las tres preguntas al alojamiento
Casi nadie las hace y las tres tienen respuesta rápida:
¿Qué límite de recursos tengo? En planes compartidos hay un tope de procesos o de memoria; al superarlo, las peticiones se ponen en cola en vez de fallar, y eso es lo que se percibe como lentitud.
¿Qué pasa si lo supero? Algunos proveedores ralentizan, otros devuelven error y otros cobran automáticamente.
¿Puedo subir de plan un mes y volver? Muchos lo permiten. Es la inversión más barata de toda la campaña y la única que compra tranquilidad real.
Un fallo que no es de carga y parece serlo
Muchas veces la web no se satura: lo que falla es un servicio externo. La pasarela de pago, el sistema de envíos, el buscador. Y desde fuera se percibe igual, como una web que no funciona.
Comprueba antes que tus integraciones tienen los certificados en regla y las claves actualizadas. Es un error silencioso que solo aparece cuando alguien intenta pagar.
Deja escrito qué hacer si algo falla
Antes de la campaña, apunta en un papel a quién se llama si la web se cae, dónde está el acceso al alojamiento y cómo se pausa un anuncio. En medio de un viernes negro, buscar una contraseña son veinte minutos de tráfico pagado yéndose a una página caída.
Pausar la publicidad en cuanto la web cae es lo que más dinero salva, y es lo que nadie recuerda hacer en ese momento.
En un negocio local, además, está el teléfono
Aquí hay una diferencia respecto a una tienda puramente online: si tu web falla, tienes una alternativa que ellos no tienen.
Un aviso en redes y en la ficha de Google diciendo «estamos con una incidencia en la web; puedes llamarnos o escribirnos por WhatsApp y te atendemos igual» convierte una caída en una anécdota. Y en Lleida, con clientes que están a diez minutos, funciona de verdad: se puede reservar por teléfono y recoger en tienda.
Tener ese mensaje escrito de antemano, para copiarlo y pegarlo, es la diferencia entre reaccionar en dos minutos o en dos horas.
El error de tocar la web durante la campaña
Hay una tentación fuerte cuando la campaña ya está viva: ver un detalle mejorable y arreglarlo sobre la marcha. Cambiar el color del botón, mover una sección, actualizar un texto.
Es cuando peor momento hay para hacerlo. Un cambio pequeño puede romper algo que no se ve desde el escritorio, y en pleno pico de visitas nadie está mirando el móvil ni probando el formulario. La avería se descubre horas después, contando las ventas que no llegaron.
Fija una fecha de congelación: a partir de tal día, en la web no se toca nada que no sea el precio o el stock. Todo lo demás se apunta para después. Es una norma que parece rígida y que salva campañas.
Prepara la versión sin campaña
Cuando la promoción termine, alguien tiene que quitar los banners, los contadores y los avisos de «últimas unidades». Si eso se hace a mano y con prisa, siempre queda algo: una web con un cartel de Black Friday el 15 de diciembre da una impresión de dejadez difícil de reparar.
Ten preparado desde antes qué se quita, en qué orden y quién lo hace. Y si tu web permite programar la caducidad de un banner, úsala: es la diferencia entre acordarse y no acordarse.
Qué medir mientras dura
No hace falta un panel complicado. Con tres cosas basta: cuánta gente entra, cuántos llegan al paso final y cuántos lo completan. Si la primera sube y las otras dos no, el problema no es de tráfico sino de página, y se puede arreglar el mismo día.
Lo importante es tener esos tres números a mano antes de que empiece, no buscarlos el viernes por la tarde.
Y da de alta un aviso automático de caída: hay servicios gratuitos que comprueban la web cada cinco minutos y te escriben si deja de responder. Sirve también para los picos que no vienen de la publicidad, como una publicación que se comparte más de lo previsto o un grupo de WhatsApp que reenvía tu oferta.
La velocidad es la mitad de esto y conviene medirla antes de que llegue el tráfico: cuánto tarda en cargar tu web y por qué importa. Si la web no aguanta y hay que rehacerla, lo vemos en diseño web en Lleida.