Qué necesitas tener listo antes de encargar una web
La mayoría de las webs que se retrasan no se retrasan por motivos técnicos. Se retrasan porque falta material: los textos que nadie escribe, las fotos que nunca llegan, la decisión sobre precios que se aplaza tres semanas.
Es frustrante para todos y se evita con un poco de preparación. Esto es lo que pedimos siempre antes de empezar, y lo que conviene tener antes incluso de pedir presupuesto.
1. A quién le hablas
No «a todo el mundo». Si tuvieras que describir a tu mejor cliente —el que paga bien, no da problemas y repite—, ¿cómo es? ¿Particular o empresa? ¿De qué edad? ¿Qué le preocupa antes de contratar?
Todo lo demás se decide a partir de esto: el tono, qué se enseña primero, qué dudas hay que responder. Sin esta respuesta, la web se hace a ojo.
2. Las diez preguntas que más te hacen
Literalmente. Las que te hacen por teléfono antes de contratar.
Esta lista es el índice de tu web. Si las diez preguntas están respondidas de forma visible, la web funciona aunque el diseño sea sencillo. Si no lo están, no funciona por muy bonita que sea.
Sácalas de tus correos y de tu memoria, no las inventes.
3. Qué vendes, ordenado
La lista de servicios o productos, pero con una decisión tomada: cuáles quieres vender más y cuáles son secundarios.
Casi todo el mundo quiere enseñarlo todo por igual. El resultado es que no destaca nada. Si tienes doce servicios y tres son el noventa por ciento de tu facturación, esos tres tienen que llevarse el espacio.
4. Los precios, o cómo hablar de ellos
Esta es la conversación incómoda y la que más cambia el resultado.
No hace falta publicar tarifas. Sí hace falta decidir qué se cuenta: un «desde», una horquilla, un ejemplo de proyecto con su coste, o nada. Cada opción tiene consecuencias.
Lo que no funciona es no decidirlo, porque entonces la web no dice nada del precio y quien entra se va a pedir presupuesto a alguien que sí le dio una pista.
5. Fotos reales
Es lo que más retrasa proyectos. Todo el mundo dice que tiene fotos y luego resulta que son de 2018, están borrosas o son del móvil de alguien que ya no trabaja allí.
Lo que hace falta: el local o las instalaciones, el equipo, y sobre todo trabajos terminados. Si no las tienes, hay que contratar a alguien o dedicar una mañana a hacerlas bien. Presupuestar esto desde el principio evita el bloqueo de la semana ocho.
Las fotos de banco de imágenes se notan y restan.
6. Textos, o el acuerdo de quién los escribe
Aquí se atascan la mitad de los proyectos. El cliente asume que los escribe la agencia, la agencia asume que los da el cliente, y la web se queda en «Lorem ipsum» durante un mes.
Decidirlo antes de firmar, y que conste. Si los escribe la agencia, hace falta una entrevista larga contigo para sacar lo que solo tú sabes. Si los escribes tú, hace falta un plazo y un guion.
7. Los accesos
Dominio, alojamiento, correo, la web actual, la ficha de Google, las redes.
Suena aburrido y es lo que más sorpresas da. Muchas empresas descubren aquí que su dominio está a nombre de una persona que ya no trabaja allí, o que nadie sabe la contraseña del panel de la web.
Averígualo antes. Recuperar un dominio perdido puede llevar semanas y bloquear el lanzamiento entero.
8. Quién decide
Una persona. Si hay tres opiniones sin un árbitro, cada revisión da vueltas y el proyecto se eterniza.
No significa que no se consulte a nadie. Significa que hay alguien que dice «esto queda así» y se sigue adelante.
9. Para cuándo, y por qué
Si hay una fecha real —una feria, una temporada, la apertura de un local—, dila desde el principio. Cambia cómo se planifica.
Y si no hay fecha, conviene ponerse una igualmente. Los proyectos sin fecha se estiran indefinidamente.
Lo que ganas preparando esto
Presupuestos más ajustados, porque quien presupuesta sabe qué hay que hacer y no infla por incertidumbre. Menos vueltas. Y una web que dice lo que tiene que decir, porque las decisiones difíciles se tomaron antes de empezar a diseñar.
Lo que conviene dejar por escrito antes de firmar
Aparte del material, tres acuerdos que evitan casi todos los conflictos:
Cuántas rondas de revisión entran. Sin esto, o el cliente se corta de pedir cambios o el proyecto no acaba nunca. Dos o tres rondas por fase es lo habitual.
Qué pasa con el mantenimiento después. Quién actualiza, con qué frecuencia, qué está incluido y qué se factura aparte. Una web sin mantenimiento acordado es una web que en un año está desactualizada y en dos, insegura.
A nombre de quién queda todo. Dominio, alojamiento, cuentas. A tu nombre, con tus accesos. Esto se habla al principio o se convierte en un problema el día que quieras cambiar de proveedor.
Y una cosa que no hace falta
No hace falta que sepas cómo quieres que se vea. Es habitual llegar con referencias de webs que gustan, y está bien, pero no es lo importante.
Lo importante es lo de arriba: a quién le hablas, qué te preguntan, qué vendes y qué material tienes. Con eso, el diseño se resuelve. Sin eso, se hace una web bonita que no dice nada.
Si quieres, te pasamos el cuestionario que usamos nosotros para esta fase. Escríbenos y te lo mandamos, lo trabajes con nosotros o no.