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¿Puede un psicólogo pedir reseñas a sus pacientes?

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¿Puede un psicólogo pedir reseñas a sus pacientes?

Es la pregunta que más aparece cuando una consulta empieza a trabajar su presencia en Google, y la respuesta corta es incómoda: puedes tener reseñas, pero no puedes pedirlas como las pide cualquier otro negocio.

La diferencia está en un detalle que casi nadie ve a la primera.

Por qué una reseña no es un testimonio

El código deontológico prohíbe usar el testimonio de un paciente con fines publicitarios. De ahí viene la confusión, porque una reseña se parece mucho a un testimonio.

Pero hay una diferencia jurídica que importa: un testimonio lo publicas tú; una reseña la publica el usuario en una plataforma que no controlas. Tú no la reproduces, no la editas y no la seleccionas. Por eso las reseñas de Google son admisibles y un carrusel de citas de pacientes en tu web no lo es.

Dónde está el límite de verdad

El problema no es la reseña. Es el acto de pedirla.

Si mandas un mensaje a alguien diciendo «como paciente mío, ¿me dejarías una reseña?», estás haciendo dos cosas a la vez: tratar su condición de paciente y empujarle a identificarse públicamente como tal. Eso sí roza el secreto profesional, aunque el mensaje sea privado y aunque la persona esté encantada.

Y hay una capa más: la relación entre terapeuta y paciente es asimétrica. Una petición tuya no se recibe como se recibe la de un restaurante. Cuesta decir que no, y eso convierte una petición inocente en una presión que no querías ejercer.

Lo que sí puedes hacer

Poner el enlace donde esté disponible sin señalar a nadie. En la firma de tu correo, en un cartel discreto en la sala de espera, en el pie de la factura. Quien quiera lo usa; quien no, ni se entera.

Pedirlas a quien no es paciente. Otros profesionales que te han derivado, colegas de un centro compartido, gente de una formación que has dado. Son reseñas legítimas y suman igual.

Hacer que la ficha invite sola. Una ficha completa, con fotos reales y respuestas a las reseñas existentes, recibe más reseñas espontáneas que una vacía.

Responder siempre. Es lo que más se olvida y lo que más señal manda.

Cómo se responde sin confirmar nada

Aquí está la trampa fina. Si alguien escribe «Ana me ayudó muchísimo con mi ansiedad» y tú respondes «me alegro de que la terapia te fuera bien», acabas de confirmar públicamente que esa persona es paciente tuya. Lo ha dicho ella, no pasa nada; lo confirmas tú, y entonces sí.

La respuesta correcta agradece sin confirmar:

Gracias por dedicar un momento a escribir. Se agradece mucho.

Suena escueto y es exactamente lo que tiene que ser. Lo mismo con una reseña negativa: nunca se responde entrando en el caso, ni siquiera para defenderse. Se agradece, se ofrece hablar por un canal privado y se acaba ahí. Discutir los detalles de una terapia en público es la peor forma posible de tener razón.

Las reseñas falsas

No hace falta ni entrar en la parte deontológica: Google las detecta cada vez mejor y una limpieza puede llevarse por delante también las buenas. En un sector donde la confianza es el producto, además, se nota. Cinco reseñas reales valen más que veinte que suenan iguales.

Cuántas hacen falta

Menos de las que crees. En una ciudad mediana, una consulta con diez reseñas reales de cinco estrellas ya compite. Lo que pesa junto al número es la frecuencia: diez repartidas en dos años dicen más que diez en la misma semana, que además es el patrón que hace saltar los filtros.

Qué hacer cuando llega una reseña de alguien que no es paciente

Pasa más de lo que parece: la deja un familiar que acompañó a alguien, un profesional que te derivó o alguien que asistió a una charla tuya.

Son perfectamente válidas y suman. Lo único que conviene es responderlas igual que las demás, sin entrar en detalles de quién es esa persona ni de qué relación tenéis.

Y si detectas una reseña de alguien que claramente no ha tenido contacto contigo —pasa, sobre todo cuando hay confusión de nombres—, se puede reportar a Google. No siempre la quitan, pero el intento es gratis.

Las reseñas en el resto de sitios

Google es la que pesa para el mapa, pero no es la única.

Los directorios tienen las suyas y no se pueden trasladar. Si dejas el directorio, esas reseñas se quedan ahí, que es otro motivo para construir también las de Google.

En redes sociales, las recomendaciones funcionan como reseñas pero se pierden en el flujo a las pocas semanas.

Si tienes que elegir dónde concentrar el esfuerzo, Google, sin dudarlo. Es la que sale cuando alguien busca tu nombre y la que decide si entras en el bloque del mapa.

Un detalle que casi nadie mira

Las reseñas influyen en el posicionamiento también por lo que dicen, no solo por cuántas son.

Si varias mencionan «terapia de pareja» o el nombre de tu ciudad, Google lo lee como señal de que efectivamente trabajas eso ahí. No se puede ni se debe dirigir lo que la gente escribe, pero sí explica por qué diez reseñas espontáneas y variadas valen más que veinte que dicen todas «muy profesional».

Y el resto del SEO local

Las reseñas son una de las tres patas. Las otras dos son la ficha bien montada y la web con una página por especialidad. Sin esas dos, las reseñas empujan poco. Están en cómo aparecer en Google Maps siendo psicólogo y en qué páginas necesita la web de un psicólogo.

El límite deontológico completo, con lo que se puede decir y lo que no, está en ¿puede un psicólogo hacer publicidad?.

Si prefieres que la ficha, las reseñas y el resto del SEO local los llevemos nosotros, con las cautelas que exige este sector, es lo que hacemos en marketing para psicólogos.

Preguntas frecuentes

Lo que suele preguntarse.

Esto mismo, aplicado a tu negocio.

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