Google Ads para psicólogos: qué se puede anunciar
Sí, un psicólogo puede anunciarse en Google. Pero la salud mental está clasificada como categoría sensible, y eso cambia tres cosas: qué puedes decir, a quién puedes dirigirte y cuánto te va a costar cada clic.
Conviene saberlo antes de gastar el primer euro, porque la mayoría de las cuentas que se abren sin esto acaban con los anuncios rechazados y el presupuesto quemado en clics que no eran de nadie.
Lo que Google rechaza directamente
Prometer resultados. «Supera tu ansiedad en 8 sesiones», «recupera tu relación», «deja atrás la depresión». Se rechazan automáticamente y, si insistes, la cuenta se marca.
El lenguaje que aprovecha el malestar. «¿No puedes más?», «tu ansiedad va a empeorar». Google lo clasifica como explotación de una situación vulnerable, y coincide con lo que prohíbe el código deontológico.
Los diagnósticos en el propio anuncio. Escribir «¿Tienes depresión?» como titular entra en terreno resbaladizo: es una categoría sensible dirigida a una persona concreta.
Términos sanitarios que no te corresponden. Si no eres Psicólogo Clínico por la vía PIR, «clínica» y «especialista» en el anuncio son un problema doble: con Google y con tu colegio.
La segmentación también cambia
En categorías sensibles, Google restringe la personalización. No puedes crear públicos basados en que alguien haya buscado síntomas, ni hacer remarketing a quien visitó tu página de ansiedad.
Eso quita una herramienta potente y, en este sector, evita algo que sería francamente desagradable: perseguir por internet a alguien que estuvo mirando terapia para la depresión. La restricción aquí es sensata.
Lo que sí puedes segmentar es lo de siempre: zona geográfica, horario e idioma. Y para una consulta presencial, la zona es casi todo. Un radio de diez o quince kilómetros alrededor del despacho concentra el presupuesto donde alguien puede venir de verdad.
Lo que sí funciona, y suele convertir mejor
La restricción empuja hacia lo concreto, y lo concreto es lo que hace que alguien escriba.
El servicio y la ciudad. «Psicóloga en Lleida · Terapia de pareja». Aburrido y eficaz: responde exactamente a lo que se ha buscado.
Cómo es la primera sesión. «Primera sesión de 60 minutos. Te explicamos cómo trabajamos antes de empezar.» Reduce el miedo, que es la barrera real.
Los datos prácticos. Horario de tarde, atención online, si hay lista de espera, cuánto tardas en responder. Cada dato filtra a quien no encaja, y eso ahorra dinero.
Tu formación y tu colegiación. Es objetivo, está permitido y es lo primero que se comprueba.
Las palabras clave que hay que separar
Hay dos intenciones muy distintas mezcladas en las mismas búsquedas.
Quien escribe «psicólogo en Lleida» o «pedir cita psicólogo» está buscando un profesional. Esa es tu palabra clave.
Quien escribe «síntomas de ansiedad» o «test de depresión» está buscando información y no va a pedir cita hoy. Pagar por esos clics es de las formas más rápidas de gastarse el presupuesto sin una sola consulta.
Empieza por las de intención de contratar, en concordancia de frase y no amplia, y con una lista de negativas desde el primer día: «gratis», «test», «carrera», «oposiciones», «apuntes», «PIR».
Cuánto cuesta
El clic en salud mental no es barato: la competencia incluye plataformas nacionales con presupuestos que ninguna consulta puede igualar. Por eso la estrategia de una consulta pequeña no es competir por «psicólogo online», sino por su ciudad y su especialidad, donde compite con cuatro o cinco.
Sobre por dónde empezar cuando el presupuesto es corto y hay que elegir entre pagar y posicionar, Google Ads o SEO: por dónde empezar con poco presupuesto.
A dónde llevas el anuncio
El fallo más caro no está en el anuncio: está en la página de destino.
Llevar todos los anuncios a la portada desperdicia la mitad del presupuesto. Si el anuncio dice «terapia de pareja», la página tiene que ser la de terapia de pareja, con el botón de pedir cita visible sin bajar. Cómo se estructura eso está en qué páginas necesita la web de un psicólogo.
Cuándo tiene sentido anunciarse y cuándo no
No siempre compensa, y conviene decirlo antes de gastar.
Tiene sentido si tienes huecos en la agenda ahora, si tu web ya explica bien tu especialidad y si puedes atender el teléfono o responder en el mismo día. La publicidad acelera lo que ya funciona; no arregla lo que no está montado.
No tiene sentido si estás lleno, si la web no está lista o si nadie va a responder los formularios hasta el lunes. Pagar por que alguien llegue a una página floja o a un buzón desatendido es tirar el dinero de la forma más cara posible.
Y hay un caso intermedio muy común: la consulta que quiere probar. Ahí lo sensato es un presupuesto pequeño durante seis u ocho semanas, no dos semanas. Menos tiempo no da datos suficientes para decidir nada.
Los horarios importan más de lo que parece
La búsqueda de psicólogo tiene un patrón muy marcado: se concentra al final del día y los domingos por la tarde.
Concentrar la inversión en esas franjas —y quitarla de la mañana de un martes, cuando el volumen es bajo— estira bastante un presupuesto pequeño.
Y va unido a algo que no es de publicidad: si los anuncios corren a las once de la noche, tiene que haber una forma de que esa persona deje su contacto a esa hora sin esperar a que alguien conteste. Un formulario claro y un mensaje diciendo cuándo respondes convierten esa consulta nocturna en una cita del día siguiente.
Lo que hay que revisar cada semana
Quince minutos bastan: qué búsquedas reales han activado tus anuncios, cuáles no tenían nada que ver y hay que añadir a negativas, y cuántos formularios han entrado.
Ese informe de términos de búsqueda es lo que más dinero ahorra, y es también lo que casi nadie mira.
Antes de empezar: mide
Si no está configurado el seguimiento de conversiones, Google optimizará hacia clics, que son fáciles, en lugar de hacia formularios enviados, que es lo que te interesa. Es la parte aburrida y la que decide si el dinero rinde o se evapora.
Y una consideración que en este sector no es menor: el formulario recoge datos de salud, así que no todo vale a la hora de enviar información a las plataformas de publicidad. Los límites de lo que se puede decir y hacer están en ¿puede un psicólogo hacer publicidad?.
Y si quieres que montemos y llevemos las campañas sin que te tumben los anuncios ni te llamen la atención del colegio, es parte de lo que hacemos en marketing para psicólogos.