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Presupuesto de diseño web en Lleida: cómo leerlo y compararlo

Por · · 5 min de lectura
Presupuesto de diseño web en Lleida: cómo leerlo y compararlo

Pides presupuesto a tres sitios de Lleida para la web de tu negocio y te llegan tres documentos que no se parecen en nada: uno de media página con un precio, otro de seis páginas con fases y un tercero que es una cuota mensual. Elegir el más barato es tentador, pero casi nunca están presupuestando lo mismo. Aquí va cómo leer cada uno y ponerlos lado a lado.

Si todavía no sabes en qué horquilla se mueven los precios, empieza por cuánto cuesta una página web en Lleida. Este artículo es para el paso siguiente: cuando ya tienes las propuestas encima de la mesa.

Las partidas que tiene que tener un presupuesto

Un presupuesto que se pueda comparar dice, por escrito, estas cosas:

El alcance, con nombres. No «web corporativa», sino cuántas páginas y cuáles: inicio, una página por servicio, quiénes somos, contacto, blog. Si no pone cuáles, no sabes qué te van a entregar.

Los textos. Quién los escribe y cuántas rondas de cambios entran. Es la partida que más cambia el precio y la que más se omite.

Los idiomas. Castellano, catalán o los dos. Y si la segunda versión es una traducción revisada o automática.

El SEO que incluye. «SEO incluido» puede significar desde poner un título a cada página hasta estudiar qué busca la gente de Lleida y escribir para eso. Pide que diga qué se hace en concreto.

El dominio y el alojamiento. Quién los paga, cuánto cuestan cada año y a nombre de quién quedan. Tienen que estar a nombre de tu empresa.

El mantenimiento. Qué incluye (actualizaciones, copias de seguridad, cambios pequeños), cuánto cuesta al mes y si es obligatorio.

Los plazos y los pagos. Fecha de entrega y cómo se reparte el pago. Lo razonable es una parte al empezar y el resto al entregar.

La propiedad. Qué te llevas si un día cambias de proveedor: dominio, accesos, contenido y, si se puede, la web entera.

Cómo comparar tres propuestas que no se parecen

Copia esta tabla en una hoja y rellénala con cada presupuesto. Las casillas vacías son preguntas que tienes que hacer antes de decidir.

Partida Propuesta A Propuesta B Propuesta C
Número de páginas (y cuáles)
Quién escribe los textos
Rondas de cambios incluidas
Idiomas
Qué SEO incluye, en concreto
Ficha de Google conectada
Dominio a nombre de
Coste del primer año (sin IVA)
Coste de cada año siguiente
Permanencia
Fecha de entrega
Qué te llevas si te vas

Una vez rellena, suma lo que pagarías en tres años, no solo el primero. Es la forma de comparar un pago único con una cuota mensual.

Un ejemplo para verlo claro

Tres propuestas inventadas, pero parecidas a las que llegan cada semana a cualquier negocio de Lleida:

  • A: 650 € de pago único. Cinco páginas, textos tuyos, solo castellano, alojamiento 120 € al año a partir del segundo. A tres años: 890 €.
  • B: 1.600 € de pago único. Ocho páginas, textos escritos por el estudio, castellano y catalán, ficha de Google conectada, mantenimiento opcional de 30 € al mes, alojamiento 150 € al año a partir del segundo. A tres años sin mantenimiento: 1.900 €.
  • C: 0 € de entrada y 59 € al mes durante 36 meses. Plantilla, textos tuyos, dominio a nombre del proveedor. A tres años: 2.124 €, y la web no es tuya.

Lo que parecía la más cara no lo es, y la que parecía gratis es la que más cuesta. Por eso se compara con la tabla y no con la primera cifra.

Lo que suele faltar y acaba como extra

Hay partidas que casi nunca aparecen en los presupuestos baratos y casi siempre se acaban cobrando:

  • Las fotos. Si las tuyas no sirven, alguien tendrá que hacerlas o comprarlas.
  • La versión en catalán. Muchas propuestas solo cuentan un idioma.
  • Migrar la web antigua. Pasar el contenido y redirigir las direcciones que ya tienen visitas para no perder lo que Google ya te daba.
  • Los textos legales y el aviso de cookies. Son obligatorios y alguien tiene que adaptarlos a tu negocio.
  • Conectar herramientas. Reservas, pagos, el programa de facturación o el CRM.
  • Los cambios después de la entrega. Si no hay mantenimiento, cada cambio pequeño es una factura.

Si un presupuesto no menciona ninguna de estas cosas, no es que estén incluidas: es que no se han pensado todavía.

Las letras pequeñas que hay que leer dos veces

El IVA. Casi todo el mundo presupuesta sin IVA, pero no todo el mundo lo dice. Comprueba que las tres cifras estén igual: un 21 % de diferencia cambia el orden.

La permanencia. En las webs con cuota, mira cuánto dura, qué pasa si quieres salir antes y si la web se puede llevar a otro sitio al acabar.

Las licencias. Algunas plantillas y extensiones se pagan cada año. Pregunta si están incluidas y a nombre de quién.

«Desde». Un precio «desde» es el del proyecto más pequeño posible. Si tu presupuesto final lo lleva, pide el precio cerrado para lo que tú necesitas.

Antes de firmar

Con la tabla rellena tendrás claro qué te ofrece cada uno y qué le falta. Si una casilla se queda vacía, pregúntalo. La respuesta, y lo que tarden en dártela, también dice mucho del proveedor. Si quieres más criterios para decidir con quién trabajar, los tienes en cómo elegir una empresa de diseño web en Lleida.

Si quieres un presupuesto de diseño web en Lleida con todas estas partidas escritas, pídenoslo y ponlo en la tabla junto a los demás.

Preguntas frecuentes

Lo que suele preguntarse.

Como mínimo: el número de páginas y cuáles son, quién escribe los textos, en qué idiomas se entrega, qué incluye en SEO, a nombre de quién quedan el dominio y el alojamiento, el coste de cada año después del primero, las rondas de cambios y la fecha de entrega.

Porque casi nunca presupuestan lo mismo. Uno puede contar cinco páginas con tus textos y una plantilla, y otro diez páginas con textos escritos, versión en catalán y la ficha de Google conectada. Hasta que no se ponen en la misma tabla, el precio no dice nada.

Casi todos los estudios publican los precios sin IVA. Al comparar, comprueba que todas las cifras estén igual: un 21 % de diferencia puede hacer que el presupuesto más barato no lo sea.

Lo habitual es pagar una parte al empezar y el resto al entregar, a veces con un pago intermedio. Pagar el cien por cien antes de ver nada te deja sin margen si el proyecto se tuerce.

Esto mismo, aplicado a tu negocio.

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