Formularios que la gente sí rellena
El formulario de contacto es donde se decide si toda la web ha servido de algo. Has conseguido que alguien te encuentre, que lea, que se convenza, y ahí, a un paso de la meta, se va.
Suele irse por motivos muy concretos y muy arreglables.
Cada campo cuesta gente
La regla más fiable que conocemos: cuantos más campos, menos envíos. No es lineal ni exacto, pero la dirección no falla.
Y no todos los campos cuestan lo mismo. El teléfono cuesta mucho más que el correo, porque implica que te van a llamar. La dirección postal cuesta muchísimo. Un desplegable de «presupuesto estimado» ahuyenta a quien todavía no sabe lo que necesita.
La pregunta para cada campo es: ¿qué haría distinto si tuviera este dato? Si la respuesta es «nada, es por si acaso», fuera.
En la mayoría de los negocios locales, con nombre, una forma de contacto y qué necesitas, sobra. El resto se pregunta en la conversación.
Pide el teléfono, pero no lo obligues
Es la solución intermedia que mejor funciona. El campo está, quien quiere que le llamen lo rellena, y quien prefiere que le escriban no abandona el formulario.
Nos ha pasado más de una vez: quitar la obligatoriedad del teléfono sube los envíos de forma clara, y la mayoría lo pone igualmente.
Que se entienda qué pasa después
Un botón que dice «Enviar» no dice nada. Uno que dice «Pedir presupuesto sin compromiso» dice tres cosas: qué recibes, que es gratis y que no te comprometes.
Y debajo del formulario, una línea corta con lo que ocurrirá: «Te contestamos en menos de 24 horas laborables». Eso reduce el miedo a entrar en una lista de correo eterna, que es el miedo real de mucha gente.
Los errores que hay que evitar
Avisar de los errores al final. Si alguien rellena diez campos y al enviar le salen cuatro errores en rojo, la mitad abandona. Los avisos tienen que salir según se escribe, y en un idioma normal: «Falta la arroba» en vez de «Campo inválido».
Borrar lo escrito. Si hay un error y al recargar se ha perdido todo, no lo vuelve a rellenar nadie.
El captcha imposible. Los de seleccionar semáforos hacen perder gente de verdad, sobre todo mayores. Hay formas mejores de frenar el spam: un campo oculto que solo rellenan los robots frena la mayor parte sin molestar a nadie.
No decir nada tras enviar. El mensaje de confirmación tiene que ser evidente. Si el formulario simplemente se vacía, la gente lo envía otra vez o se queda sin saber si llegó.
El móvil, que es por donde entra casi todo el mundo
Campos grandes, con espacio entre ellos para no fallar al pulsar. Y el teclado correcto: si el campo es de correo, que salga el teclado con arroba; si es de teléfono, el numérico. Es un detalle de una línea de código que se nota mucho al usarlo.
Y que se pueda pulsar el botón sin hacer zoom.
Lo del consentimiento
Si recoges datos, hace falta una casilla de consentimiento sin marcar y un enlace a la política de privacidad. No es opcional y no es solo burocracia: es lo que te protege si alguien reclama.
Lo que sí se puede es escribirlo de forma humana. «He leído y acepto la política de privacidad» con el enlace a la vista basta, y no da la sensación de estar firmando una hipoteca.
Dónde ponerlo
En la página de contacto, evidentemente. Pero también al final de cada página de servicio, que es donde alguien acaba de leer y está convencido. Hacerle buscar el menú es perder gente por el camino.
Cómo saber si funciona
Mide dos cosas: cuánta gente llega al formulario y cuánta lo envía. Si llegan cien y envían dos, el problema está en el formulario. Si llegan cinco, el problema es otro y arreglar el formulario no cambiará nada.
Y revisa cada pocos meses qué escribe la gente en el campo de mensaje. Si la mitad pregunta lo mismo, esa respuesta debería estar en la página, antes del formulario.
Dale una alternativa a quien no quiere formularios
Hay gente que no rellena formularios y punto. Prefieren llamar, o escribir por WhatsApp, o mandar un correo.
Poner esas opciones junto al formulario no le quita envíos: recupera a quien se iba a ir. En negocios locales, el botón de WhatsApp junto al formulario suele generar más contactos que el propio formulario.
Y no hace falta que sean muchas opciones. Formulario, teléfono y WhatsApp cubren a casi todo el mundo.
Qué hacer con lo que llega
Un formulario que funciona genera mensajes que hay que contestar. Si tardas tres días, has ganado el contacto y perdido el cliente.
Antes de optimizar el formulario, asegúrate de que hay alguien mirando dónde llegan los avisos y de que el correo no acaba en spam. Nos hemos encontrado con formularios perfectos cuyos envíos llevaban meses cayendo en una carpeta que nadie abría.
Si quieres que miremos el tuyo y te digamos qué está frenando los envíos, escríbenos.