Rehacer la web o arreglarla: cómo decidir
Cuando una web deja de funcionar, la primera reacción suele ser rehacerla entera. A veces es lo correcto y a veces es tirar dinero: hay webs con un problema de textos a las que se les cambia el diseño y siguen sin traer clientes.
Estas cinco preguntas suelen bastar para decidir.
1. ¿El problema es lo que se ve o lo que dice?
Es la pregunta más importante y la que más se confunde.
Si tu web se ve anticuada pero explica bien lo que haces, responde las dudas de tus clientes y trae contactos, el problema es estético y se arregla con menos de lo que crees.
Si tu web es preciosa y nadie entiende a qué te dedicas ni cuánto cuesta, rehacerla con otro diseño no va a cambiar nada. El trabajo está en los textos, y ese trabajo hay que hacerlo igual antes de rehacer nada.
Una prueba rápida: enseña tu página de inicio a alguien de fuera de tu sector durante cinco segundos y pregúntale qué vendes y a quién. Si no lo sabe decir, el problema no es el diseño.
2. ¿Se puede tocar sin que alguien venga a arreglarlo?
Una web que no puedes actualizar tú es una web que se queda vieja sola. Si para cambiar un horario o subir una foto hay que escribir a alguien y esperar tres días, no se hace nunca.
Esto sí es motivo suficiente para rehacer. No por capricho: una web que no se toca deja de reflejar el negocio en un año, y Google prefiere sitios que se mantienen vivos.
3. ¿Cuánto se tarda en cargar en el móvil?
Si la web tarda más de cuatro o cinco segundos en el móvil y no es por las fotos, suele ser la estructura de debajo: una plantilla cargada de funciones, complementos acumulados durante años, un servidor mal dimensionado.
Eso a veces se arregla y a veces no. La forma de saberlo: si alguien que sepa mira la web y dice que hay que quitar la mitad de lo que hay para que vaya bien, estás pagando por reconstruir con más pasos que si se empieza de nuevo.
4. ¿Cuántos años tiene y quién la mantiene?
Una web sobre una plataforma que nadie actualiza desde hace años no es solo un problema estético: es un riesgo de seguridad. Las webs que se hackean casi siempre son las que llevan tiempo sin actualizar.
Si nadie sabe quién la mantiene, dónde está alojada o con qué contraseñas se entra, eso hay que resolverlo aunque no se rehaga nada. Y muchas veces averiguarlo cuesta lo mismo que empezar limpio.
5. ¿Posiciona en Google?
Esta es la que más cuidado requiere y la que más se ignora.
Si tu web lleva años y posiciona bien para tus búsquedas, rehacerla mal puede costarte esas posiciones y tardar meses en recuperarlas. Hemos visto negocios perder la mitad de sus visitas por un rediseño hecho sin cuidar las direcciones antiguas.
No significa que no se pueda rehacer. Significa que hay que hacerlo con un plan: conservar las direcciones que ya posicionan o redirigirlas una a una, no perder los textos que están funcionando y avisar a Google del cambio.
Si quien te va a rehacer la web no menciona esto por su cuenta, es una mala señal.
Cuándo arreglar sale a cuenta
Cuando la estructura aguanta, se puede tocar sin ayuda y posiciona, pero se ve vieja o no convence. Ahí un trabajo de textos, fotos nuevas y una capa de diseño encima cuesta una fracción y da resultados parecidos.
Es lo que recomendamos más a menudo de lo que la gente espera de una agencia que también hace webs nuevas.
Cuándo rehacer
Cuando no la puedes tocar, cuando va lenta por dentro, cuando no es segura o cuando el negocio ha cambiado tanto que la web habla de otra empresa.
Y en ese caso, el orden correcto es: primero decidir qué se quiere decir y a quién, después la estructura, y el diseño al final. Al revés salen webs bonitas que no venden.
Lo que hay que tener antes de pedir presupuesto
Da igual la opción: haz una lista de las diez preguntas que más te hacen los clientes antes de contratar, reúne fotos reales de tu trabajo y ten claro qué quieres que haga alguien que entre.
Con eso, cualquier presupuesto que pidas será más ajustado y el resultado mucho mejor. Sin eso, estás pagando para que alguien adivine.
Lo que cuesta cada opción
Sin cifras concretas, porque dependen del caso, pero sí en proporción.
Arreglar suele costar entre una quinta y una tercera parte de rehacer, y se hace en semanas en vez de meses. Incluye textos nuevos, fotos, ajustes de velocidad y una capa de diseño encima de lo que hay.
Rehacer cuesta lo que cuesta, tarda entre dos y cuatro meses en un negocio local, y exige mucho tiempo tuyo: entrevistas, revisiones, material.
Ese último punto es el que más se subestima. Si ahora mismo no tienes tiempo para dedicarle varias horas al mes durante un trimestre, rehacer va a salir mal aunque el presupuesto sea el adecuado. En ese caso es mejor arreglar ahora y rehacer cuando puedas implicarte.
Si quieres una opinión honesta sobre si la tuya tiene arreglo, escríbenos. Decimos que no hace falta rehacerla más veces de las que la gente imagina.