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Marketing para psicólogos: qué hacer, en qué orden y cuánto cuesta

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Marketing para psicólogos: qué hacer, en qué orden y cuánto cuesta

Casi todo lo que se escribe sobre marketing sirve igual para un gimnasio que para una consulta. En psicología no sirve: hay cosas que no puedes hacer —testimonios, promesas, perseguir con anuncios a quien buscó síntomas— y otras que pesan mucho más que en cualquier otro sector, como la página «sobre mí» o el formulario de contacto.

Esta guía recorre el camino entero en el orden en que conviene trabajarlo: de dónde llegan los pacientes, qué montar primero, qué límites pone el código deontológico, qué permiten las plataformas de anuncios y cómo saber qué funciona. Cada parte enlaza al artículo que la desarrolla.

Si solo te quedas con una idea, que sea esta: el marketing de una consulta pequeña no consiste en hacer muchas cosas, sino en hacer cuatro en el orden correcto.

De dónde llegan los pacientes

Un paciente nuevo llega casi siempre por uno de estos cuatro caminos.

Derivación. Un médico de familia, un pediatra, un colega que no lleva tu especialidad. Trae a los pacientes que mejor encajan y es la vía que más tarda en construirse.

Boca a boca. Alguien que terminó bien y te recomienda. Vale mucho y no se puede controlar.

Directorios. Doctoralia y similares. Volumen desde el primer día, a cambio de aparecer en una lista junto a otros veinte colegiados.

Búsqueda en Google. Alguien escribe «psicólogo» y su ciudad, o «terapia de pareja», y decide con lo que ve. Es el único canal que se puede trabajar de forma deliberada y con resultados previsibles.

Un matiz importante: mucha gente que llega por recomendación busca tu nombre en Google antes de escribirte. Lo que aparece entonces decide si esa recomendación acaba en cita o en nada.

El análisis de cada canal, con lo que rinde la primera semana cuando aún no tienes nada, está en cómo conseguir pacientes para una consulta de psicología.

La ficha de Google va antes que la web

Cuando alguien busca «psicólogo» y su ciudad, Google no enseña primero las webs. Enseña un mapa con tres fichas, y ese bloque se lleva buena parte de los clics. Estar dentro es gratis y depende, sobre todo, de lo bien montada que esté tu ficha.

Lo que más pesa y más veces está mal:

  • La categoría principal, la que describe lo que eres. Poner cinco para salir en más búsquedas diluye la señal.
  • El nombre real de la consulta, sin meter especialidades ni la ciudad. Adornarlo es motivo de suspensión.
  • Dirección y teléfono escritos igual en la ficha, en la web y en los directorios.
  • Los servicios uno a uno, cada uno con su descripción: terapia individual, de pareja, infantil, duelo, online.
  • Fotos reales del despacho, la sala de espera y la fachada. Quien viene nervioso a una primera sesión agradece reconocer el portal.

Varias fichas para varias zonas, o una dirección donde no pasas consulta, se detectan y cuestan la ficha entera.

El paso a paso, campo por campo, está en cómo aparecer en Google Maps siendo psicólogo.

Una web pequeña, con las páginas que hacen falta

La web de una consulta no necesita ser grande. Necesita tener las páginas correctas y que cada una haga su trabajo.

Inicio, para quien ya sabe tu nombre y viene a comprobar que das confianza. Arriba y sin bajar: nombre, número de colegiado, en qué trabajas, dónde estás y un botón para pedir cita.

Sobre mí, que en este sector es de las más leídas. Quien va a contarte lo que no le cuenta a nadie quiere saber quién eres: formación, años de ejercicio, cómo trabajas y una foto tuya de verdad.

Primera sesión, la que casi nadie tiene. Cuánto dura, qué se hace, qué pasa si no encajáis, cómo se paga. Quita el miedo a dar el paso.

Tarifas, con el precio. Quien no lo ve asume que es caro y sigue buscando.

Contacto, con el formulario más corto posible.

Y si atiendes por videollamada, terapia online merece página propia, porque es la única que te deja competir fuera de tu ciudad.

Todo tiene que leerse bien en el móvil, que es desde donde busca mucha gente, a menudo de noche. La estructura completa, y lo que sobra, está en qué páginas necesita la web de un psicólogo.

Una página por cada cosa que tratas

Es el error más común y el que más visitas cuesta: una sola página de «servicios» con ocho especialidades en una lista.

Nadie busca «servicios de psicología». Buscan «psicólogo ansiedad», «terapia de pareja», «psicólogo infantil» o «duelo», y cada una de esas búsquedas necesita su propia página. Ocho especialidades en una lista no compiten por nada. Cuatro páginas bien escritas compiten por cuatro búsquedas.

Partir la lista en ocho páginas de tres líneas tampoco sirve. Cada página tiene que explicar:

  • qué suele llevar a alguien a consultar por eso, con sus palabras y no con las del manual;
  • cómo lo abordas tú en concreto;
  • cuánto suele durar un proceso así;
  • qué pasa en la primera sesión;
  • cómo se pide cita.

Si tratas muchas cosas, empieza por las tres que más te interesa atraer. Estas páginas, además, son a donde hay que llevar cualquier anuncio: uno de terapia de pareja que aterriza en la portada desperdicia buena parte del clic.

Lo que el código deontológico te deja decir

Un psicólogo puede hacer publicidad. Lo que cambia son los límites, y casi nadie los explica en concreto.

Lo que no puedes hacer. Prometer resultados o curaciones. Usar testimonios de pacientes, ni con permiso ni anonimizados. Compararte con otros colegiados. Aprovechar el momento de vulnerabilidad con mensajes de miedo o de urgencia. Y presentarte con títulos que no tienes: «psicólogo sanitario» y «psicólogo clínico» no son lo mismo, y «especialista» tiene un significado regulado.

Lo que sí puedes decir, y funciona mejor. Quién eres, tu formación y tu número de colegiado. Cómo trabajas y qué corriente sigues. Qué pasa en la primera sesión. Y los datos prácticos: precio, horario, si atiendes online, si hay lista de espera.

Quien busca psicólogo no quiere promesas: quiere saber a qué atenerse. Las palabras que hay que usar con cuidado y qué pasa si alguien te denuncia están en lo que dice el código deontológico sobre la publicidad de un psicólogo.

Reseñas sin rozar el secreto profesional

Las reseñas de Google pesan mucho en el mapa, y en tu caso no se pueden pedir como las pide cualquier otro negocio.

Una reseña no es un testimonio. El testimonio lo publicas tú; la reseña la publica la persona en una plataforma que no controlas. Por eso las reseñas son admisibles y un carrusel de citas de pacientes en tu web no lo es.

El problema está en el acto de pedirla. Escribir a alguien identificable como paciente para pedirle una reseña roza el secreto profesional, y además la relación es asimétrica: a quien está en terapia contigo le cuesta decirte que no.

Lo que sí puedes hacer:

  • Tener el enlace a mano sin señalar a nadie: en la firma del correo, en un cartel discreto, en el pie de la factura.
  • Recibir reseñas de quien no es paciente: profesionales que te derivan, colegas de un centro compartido, gente que asistió a una charla tuya.
  • Responder siempre, sin confirmar nada. «Gracias por dedicar un momento a escribir» es una buena respuesta. «Me alegro de que la terapia te fuera bien» confirma en público que esa persona es paciente tuya.

Cómo responder a una reseña negativa y cuántas hacen falta para competir está en cómo tener reseñas en Google sin pedírselas a tus pacientes.

Ficha, páginas por especialidad y reseñas son las tres patas del SEO local de una consulta. Si prefieres no montarlas tú, las tres van en el plan de 49 € al mes; lo que incluye cada plan está en nuestros planes de marketing para psicólogos.

Anuncios en Google y Meta: qué se permite

Puedes anunciarte, pero Google y Meta tratan la salud mental como una categoría sensible: restringen la segmentación y rechazan los textos que prometen resultados. En la práctica cambian tres cosas.

Lo que dices. Google rechaza los anuncios que prometen («supera tu ansiedad en ocho sesiones»), los que juegan con el malestar («¿no puedes más?») y los que meten un diagnóstico en el titular («¿tienes depresión?»). Coincide casi punto por punto con lo que prohíbe el código deontológico, así que escribir dentro de él te ahorra también los rechazos.

A quién te diriges. No puedes crear públicos a partir de que alguien haya buscado síntomas, ni perseguir con remarketing a quien visitó tu página de ansiedad. Lo que sí puedes segmentar es lo de siempre: zona, horario e idioma. Para una consulta presencial, la zona es casi todo.

Lo que pagas. El clic en salud mental no es barato, porque compites con plataformas nacionales. La salida no es pujar por «psicólogo online», sino por tu ciudad y tu especialidad, y separar a quien quiere pedir cita («psicólogo en Lleida») de quien solo busca información («síntomas de ansiedad», «test de depresión»).

Anunciarse tiene sentido si tienes huecos ahora, si tu web ya explica bien tu especialidad y si puedes responder en el día. Si quieres probar, mejor seis u ocho semanas con poco presupuesto que dos con mucho.

Las palabras clave, las negativas y los horarios que estiran un presupuesto pequeño están en qué se puede anunciar en Google Ads siendo psicólogo. Si prefieres que las campañas las llevemos nosotros, así trabajamos Google Ads en Lleida.

Doctoralia y los directorios: complemento, no cimiento

El directorio te da volumen desde el primer día, cero mantenimiento y una confianza prestada. A cambio, compites en una lista que se filtra por precio, el paciente llega a través de la plataforma y nada se acumula: el día que dejas de pagar, el canal desaparece entero.

La web propia tarda entre tres y seis meses en moverse y hay que mantenerla. A cambio, puedes explicar cómo trabajas, el paciente llega directo y lo ganado sigue ahí el mes siguiente.

Para casi cualquier consulta pequeña, la respuesta práctica es los dos con papeles distintos: directorio para tener volumen al empezar, ficha y web en paralelo, y al cabo de unos meses decidir con datos cuánto te cuesta cada paciente por cada vía. Lo que no conviene es pagar cuatro directorios a la vez.

La comparación completa está en Doctoralia o web propia: qué le conviene a tu consulta.

El formulario de contacto recoge datos de salud

En cuanto alguien escribe en tu formulario por qué quiere pedir cita —y en una consulta de psicología el simple hecho de pedirla ya dice algo—, eso es un dato de salud, una de las categorías especiales del artículo 9 del RGPD.

Un formulario bien montado:

  • pide lo mínimo: nombre, una forma de contacto y poco más;
  • tiene una casilla de consentimiento sin marcar, explícita y separada de cualquier otra;
  • no te manda el contenido a un Gmail: el aviso dice que hay una consulta nueva y el contenido se lee en un panel con acceso propio;
  • tiene contrato de encargado del tratamiento firmado con quien aloja la web;
  • borra en un plazo fijado lo que no acabó en cita.

El error más grave, y de los más habituales, es que el formulario envíe lo que la persona ha escrito a una plataforma de anuncios. Para medir conversiones basta con mandar la señal de que hubo un contacto, sin contenido ni identidad.

Todo el detalle, incluido lo que la norma no exige, está en qué exige el RGPD al formulario de un psicólogo.

Escribir para quien busca, con tu firma

Google mide los contenidos de salud con una vara más exigente. Los llama YMYL —«your money or your life»— y en ellos prefiere a quien puede demostrar que sabe. Un artículo genérico sobre la ansiedad, correcto y bien escrito, no va a posicionar.

Lo que demuestra que sabes es concreto: cada artículo firmado con tu nombre y tu número de colegiado, una página de autor de verdad, la fecha de publicación y la de revisión, y sobre todo experiencia propia. Lo que oyes en consulta no lo tiene ninguna web de contenidos.

Sobre qué escribir: las preguntas que la gente teclea antes de pedir cita. «¿Cuánto dura una terapia?», «¿qué pasa en la primera sesión?», «¿puedo ir sin saber qué me pasa?». Un artículo al mes sobre una pregunta real rinde más que cuatro genéricos. Y nunca el caso de un paciente, aunque esté anonimizado.

El blog no llena la agenda este mes; hace que dentro de un año llegue gente sin pagar por cada visita. Cómo se escribe uno que funcione está en cómo escribir sobre salud mental sin que Google te penalice.

Medir qué te trae pacientes

Casi ninguna consulta sabe de dónde le llega cada paciente, y es el dato que ordena todo lo anterior.

Pregunta y apunta. En la primera llamada o en la primera sesión: «¿cómo diste con nosotros?». Apunta la fecha y la respuesta en una lista. Recoge también derivaciones y recomendaciones, y a los tres meses te dice más que cualquier panel.

Calcula lo que te cuesta cada paciente. Lo que gastas en captación en un mes, dividido entre los pacientes nuevos de ese mes. Compáralo con lo que factura de media un paciente a lo largo de todo su proceso, no con lo que paga en una sesión.

Mira la ficha una vez al mes. Cuántas veces la han visto, cuántos han pulsado en llamar y qué buscaban para llegar.

Configura la analítica para contar contactos, no visitas. Saber qué página trae formularios y cuál no la lee nadie es lo que permite decidir. Y si haces anuncios, sin seguimiento de conversiones Google optimiza hacia clics y no hacia citas.

Cómo se monta ese seguimiento, válido para cualquier negocio, está en cómo medir si tu web realmente vende.

Cuánto cuesta

La ficha de Google es gratis, y por eso va primero. Lo demás depende de si lo haces tú o lo encargas.

La web. Como referencia, entre 300 y 900 € una plantilla adaptada de cuatro o cinco páginas con tus textos; entre 1.000 y 2.500 € un diseño propio con páginas por especialidad y textos redactados; más de 3.000 € si añades reserva online, área de paciente o varias sedes. A eso se suman dominio, alojamiento y mantenimiento, entre 150 y 400 € al año.

Los anuncios. Lo que decidas invertir, más la gestión, y solo cuando la web esté lista.

Tu tiempo, que no aparece en ningún presupuesto. Aunque te redacten los textos, alguien tiene que contar cómo trabajas y revisar lo escrito. En una web de cinco páginas son entre cinco y ocho horas tuyas.

Antes de firmar, exige por escrito el número de páginas, quién redacta los textos y, sobre todo, a nombre de quién quedan el dominio y los accesos. Lo que hay detrás de cada horquilla está en cuánto cuesta la web de un psicólogo y qué debe incluir.

Por dónde empezar con poco tiempo o poco dinero

No hace falta hacerlo todo, y hacerlo todo a medias no mueve nada. Este es el orden, con una regla: no pases al siguiente paso hasta tener el anterior.

  1. La ficha de Google, completa y con fotos reales. Una tarde de trabajo y ningún coste.
  2. La lista de procedencia. Desde hoy, cada paciente nuevo con su fecha y de dónde vino.
  3. Una web pequeña con inicio, sobre mí, tarifas, contacto y un formulario conforme al RGPD.
  4. Las tres páginas de especialidad que más te interesan, bien escritas.
  5. El enlace de reseñas donde no señale a nadie, y respuesta a todas las que lleguen.
  6. Después, y solo si hay huecos en la agenda, anuncios en tu ciudad y tu especialidad, o un artículo al mes sobre una pregunta real.

Y conviene dejar lo que ocupa horas sin traer a nadie: publicar en redes por obligación, pagar varios directorios a la vez y escribir artículos que no responden a ninguna búsqueda.

Si prefieres que lo montemos nosotros, en los planes de marketing para psicólogos de Marketizados tienes los precios y lo que incluye cada uno: desde 25 € al mes, sin permanencia y con el dominio a tu nombre. Y si no tienes claro por dónde empezar, pídenos una consultoría gratuita: miramos lo que ya tienes y te decimos qué haríamos primero.

Si tu consulta está en Lleida y quieres que alguien se encargue de la ficha y del mapa, así trabajamos el SEO local en Lleida.

Preguntas frecuentes

Lo que suele preguntarse.

Para captar a desconocidos, poco: rara vez es ahí donde alguien busca psicólogo cuando decide pedir cita. Donde sí ayudan es con quien ya ha oído tu nombre y quiere hacerse una idea de cómo hablas. Si las usas, que sea a un ritmo que puedas mantener y sin quitar horas a la ficha de Google y a la web.

Montarlo lleva unas semanas; mantenerlo, mucho menos. Unos minutos al mes para revisar la ficha, responder las reseñas cuando llegan y apuntar de dónde viene cada paciente nuevo. Si haces anuncios, un cuarto de hora a la semana para revisar las búsquedas. Si escribes en el blog, con un artículo al mes basta.

Sí, pero distinto. No tiene sentido pagar anuncios. Sí lo tiene trabajar las páginas de las especialidades que quieres atraer y explicar bien cómo trabajas, porque eso filtra: llega menos gente que no encaja y más de la que quieres atender. Y mantener la ficha al día, porque la lista de espera no dura siempre.

No. En una consulta la marca eres tú: tu nombre, tu número de colegiado y una foto real pesan más que cualquier logotipo. Uno sencillo con tu nombre basta para la web y la ficha, y se puede mejorar más adelante sin rehacer nada.

Sirve la que conozca los límites del sector, y eso se comprueba con tres preguntas: si te propone testimonios de pacientes, si el formulario que monta trata lo que se escribe como datos de salud y si sus anuncios prometen resultados. Si te propone testimonios o promesas, o no sabe responder a lo del formulario, busca otra.

No necesariamente. Antes, revisa cuatro cosas: si tiene una página por especialidad, si el botón de pedir cita se ve en el móvil sin bajar, si el formulario cumple el RGPD y si el dominio está a tu nombre. Lo último conviene resolverlo primero; lo demás muchas veces se arregla sobre la web que ya tienes.

Esto mismo, aplicado a tu negocio.

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